Petroquímica

Vestolit

Quince meses de trabajo de campo en nueve plantas para construir con datos, y no con supuestos, la línea base del relacionamiento comunitario.

Junto con Vestolit, llevamos a cabo un diagnóstico de impacto social en nueve de sus plantas, un proyecto de gran alcance coordinado regionalmente durante más de un año. Nuestra intervención se centró en sustituir el enfoque asistencialista por una estrategia orientada al negocio y a la creación de valor compartido. Este diagnóstico no solo fortaleció sus iniciativas con la comunidad, sino que también sirvió de respaldo para movilizar la cultura organizacional desde la alta dirección, logrando integrar de manera definitiva el impacto social en el núcleo de su estrategia empresarial.

El testimonio

El reto

Vestolit opera nueve plantas en México, en contextos que no se parecen entre sí: zonas rurales y urbanas, comunidades densamente pobladas, regiones con altos índices delictivos y presencia de delincuencia organizada.

Cada planta había desarrollado sus propias costumbres de relacionamiento comunitario. Unas visitaban un asilo cada año, otras regalaban juguetes, otras aportaban a las fiestas patronales. Eran acciones aisladas, con enfoque asistencialista, sin información sobre las comunidades vecinas y sin conexión con la estrategia del negocio.

La empresa necesitaba saber quiénes eran esas comunidades, qué necesitaban y cómo percibían a la compañía, antes de diseñar cualquier estrategia.

La solución

Un diagnóstico de quince meses estructurado en tres etapas.

En la etapa de identificación se delimitaron las zonas de influencia de las nueve plantas, que fue el primer punto difícil: no bastaba con trazar un perímetro, porque la operación afecta a través de infraestructura y tráfico. Se analizaron las características sociodemográficas de cada región y se hizo un benchmark de otras empresas presentes en la zona.

La etapa de consulta fue trabajo de campo. Se aplicaron 2.422 encuestas en comunidad, 432 encuestas a colaboradores y 40 entrevistas a líderes de opinión, además de 14 focus groups internos.

En la etapa de definición se procesó la información, se presentaron los resultados a los liderazgos y se realizaron 6 talleres de liderazgo y co-creación, en los que personal directivo y operativo propuso iniciativas a partir de las necesidades detectadas.

Los resultados

Vestolit obtuvo una línea base con datos duros por planta: necesidades reales de cada comunidad, percepción de la empresa en cada sitio y riesgos ambientales y sociales identificados desde el territorio, no desde el escritorio.

El efecto interno fue tan relevante como el externo. Al bajar la información a las plantas, muchos colaboradores descubrieron iniciativas que la propia empresa realizaba y desconocían. Lo que no se comunica no se reporta, y lo que no se reporta no se mide ni se gestiona.

El diagnóstico convirtió el impacto social en un tema del negocio con evidencia detrás, en lugar de una opción que cada planta ejercía a su criterio.

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