Automotriz
BMW
El paso de reportar actividades a medir el valor social generado, con una metodología que descuenta lo que no corresponde atribuirse.
En alianza estratégica con BMW San Luis Potosí, se implementó por primera vez en su planta la metodología SROI (Retorno Social de la Inversión) para obtener resultados numéricos y medibles. Colaborar juntos abrió paso a la transparencia en la medición y evitó la inflación de datos, destacando la importancia de recabar información de calidad para entender el impacto real en las comunidades, más allá de las donaciones económicas. El equipo ahora cuenta con una base sólida para priorizar, analizar, reorientar y redefinir sus objetivos, lo que les permite optimizar el efecto positivo de sus iniciativas y tomar decisiones estratégicas mucho más claras y ambiciosas.
El testimonio
El reto
BMW ya medía y monitoreaba sus iniciativas de responsabilidad social corporativa. El problema era qué medía: talleres impartidos, becas otorgadas, jornadas médicas realizadas. Actividades, no resultados.
Con ese lenguaje no se puede responder la pregunta que hacen el consejo, la casa matriz y los grupos de interés: ya sé cuánto donaste, pero qué pasó con ese dinero.
La solución
Antes de calcular nada se construyó una teoría del cambio, para mapear qué genera cada proyecto y qué habría que medir. Sobre esa base se aplicó la metodología SROI.
Los proxys económicos no se tomaron de promedios nacionales: se buscaron para San Luis Potosí y para las comunidades específicas donde se interviene, apoyados en fuentes oficiales como INEGI y Coneval, y en algunos casos preguntando directamente a las instituciones involucradas.
El cálculo no se detuvo en el valor social generado. Se ajustó descontando tres factores: el contrafactual, es decir qué habría pasado sin el proyecto; la atribución, qué parte del cambio corresponde realmente a BMW y no a otros actores; y el desplazamiento, si el beneficio reemplaza a otro que ya existía. Ese ajuste es lo que separa una medición honesta de una cifra inflada.
Los resultados
BMW pasó de mapear actividades a identificar qué vidas está impactando y con qué efecto.
Los resultados permitieron priorizar los programas con mayor retorno social, entre ellos las iniciativas de educación, alineadas con la estrategia del grupo, y reajustar aquellos que quedaban rezagados, en lugar de eliminarlos sin entender por qué.
La empresa también amplió su forma de evaluar: ahora incorpora la percepción de profesores, familias y comunidad, no solo la del beneficiario directo. Y comenzó a involucrar a las comunidades en la planificación de los proyectos.
La medición de impacto se institucionalizó como ejercicio anual.
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